2 o 3 sillas y muchos banquitos
En “Tardes de lluvia”, mencioné la cocina de la casa de la abuela, con su mesa, sus poquitas sillas y los bancos. Todo esto era de madera, entre despintada y desvencijada. Puedo adivinar a la distancia algún humilde mantelito de nylon, con cortecitos. Pero lo que quiero mostrar en este capítulo es cierta dinámica que sucedía: éramos no menos de 7 niños, entre 9 y 2 años. Los más grandes, nos apoderábamos de las sillas y quedaban los banquitos para los pequeños. Los bancos, algunos de 3 patas, no ofrecían ninguna estabilidad.
De modo que los más chicos, estaban permanentemente trepando y cayendo de los bancos.
Cuando ingresó Mateo a la familia, no se si en estatuto de novio o ya de esposo de Mimo, aparecieron algunos bancos hechos por él, de 4 patas, sólidos y cómodos. Poco después de morir la abuela, Coca se mudó para una casita de altos, en la vereda de enfrente, el abuelo se fue a vivir a lo de Beto y la casa fue alquilada por otra gente.
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