Entradas

Mentiritas

Imagen
Las Bauzá podían modificar la realidad a veces. Mi tía Coca, por ejemplo, cuyo nombre era Deodila, cuando jovencita “pasó a llamarse” Alicia. Niria, tampoco gustaba de su propio nombre, y cuando conoció a Luis, le dijo que se llamaba Nora; además le dijo que era maestra. Luis la llamaba siempre Nora, y adoptando la mentira como realidad, siempre decía que su señora era maestra. Las hermanas, eran sabedoras de esas falacias, pero no cómplices, y continuaban llamándolas Coca y Niria, mientras los esposos les decían Alicia y Nora. Cuando niña, me parecía raro eso, y sentía que mi mamá, mi hermano y yo, mientras estábamos en esa reunión familiar, permanecíamos parcialmente en otra dimensión, o éramos meros espectadores y no participantes, ya que me parecía que en casa no corría eso de las mentiras por inofensivas que fueran.

Migrantes

Imagen
“La Mama” se crió en el campo; su llegada a Montevideo se produjo cuando tenía 16 años. Según ella me contaba, le habían dado una especie de beca a su hermano Macho para estudiar en Montevideo y se vino la familia entera. (A la sazón, Macho tendría 13 o 14 años). En ese éxodo de la familia Bauzá que estaba compuesta por los padres y 9 hijos, hubo un intervalo, ya que una de las mellizas contrajo escarlatina, y se quedaron unos meses en el Paso de la Cruz, creo que en casa de la tía Deodila, hermana de la abuela Modesta, que allí vivía. Cuando llegaron a Montevideo se instalaron en una vivienda en la calle Azara. El abuelo que antes trabajaba en el campo, trabajó como guarda de tranvías. No sé si trabajaría la abuela Modesta que cuando vivían afuera hacía camisas que se vendían en el pueblo. Pero ahora en la ciudad, entraban otros salarios al hogar, ya que una vez llegados a Montevideo, los más grandes fueron al liceo nocturno y a trabajar. Ese fue el caso de “la Mama·, que durante...

3 cumpleaños y un funeral

Había fiesta familiar en la tardecita y noche del sábado 23 de setiembre en la casa de Lindoro Forteza. Se celebrarían el cumpleaños de Luis Ernesto, que había sido el 20, y el de las mellizas que cumplirían el lunes siguiente. Era principio de primavera y una preciosa tarde. Coca nos recibió con Josecito a upa. Todos estábamos contentos. En determinado momento, ocurrieron cosas raras, caras serias, gritos, muchas de las madres abrazándose y hablando en susurros. A los niños no nos dicen qué pasa, todo transcurre como en dos canales: por un lado la vida, por otro, nosotros los niños. Esa noche, nos acomodan unas camas en el cuarto de Coca y Lava, allí mismo en la casa. Todos dormimos allí. Mi hermano y yo, José Pedro y Cristina, Luis Ernesto y José Antonio. No sé, pero me parece que también Hugo y hasta Nora; creo que Nora o Hugo lloran en la noche. Coca los contiene. Al otro día, en algún momento viene a buscarnos mamá o mi padre: y nos explican. A Panta, el esposo de Lía lo atropell...

Humor y coquetería

Imagen
Un día la Mama, que por ese entonces tenía más de 70 años, anunció que nunca más se treparía a un árbol. Estupefacta, le pregunté por qué, sin siquiera atinar a definir lo ilógico del aviso. Dijo que había leído un artículo en el diario que decía “septuagenario se cae de un árbol y se quiebra una pierna”. Y añadió que la pierna se la podría quebrar y sería tolerable, pero no quería de ninguna manera ser tildada en los medios de septuagenaria.

La abuela Modesta

Muy pocas pertenencias tenía la abuela Modesta, pocas y humildes. Después de su muerte, tal vez el domingo siguiente o al otro día, se reunieron las hijas, a resolver el destino de cada una de esas cosas. Una de esas hijas era mi madre, y por lo tanto yo estaba ahí. Siempre estaba donde estaba mi madre. Sólo me separaba de ella para ir a la escuela. A mí me tocó un cepillito de pelo de color celeste con gris, y un pequeño cuadrito con su foto, que pedí expresamente porque me pareció que ese gesto compensaría la poca pena que sentía por la desaparición de la abuela. Ya en casa, le pedí a mamá que lo colocara en algún lugar del cuarto que compartíamos mi hermano y yo. Mamá dijo que si, como no, cuando pudiera pondría un clavito para colgar el cuadro. Y así quedó suspendido el cuadro entre mi/su aparente olvido, mi desinterés y las escasas ganas que mi madre tuvo siempre por rendirle culto a la muerte. Había nacido en 1893 y falleció en 1960.

La autorreferencia me ha vencido

Imagen
Cuando comencé a escribir sobre la familia, cuidaba que la autorreferencia no se colara en el texto; después, intenté que no se colara mucho, pero veo que va permeando todo. Hay que tener en cuenta que esta no es la historia de la familia, sino lo que yo recuerdo de esa historia. Muchas veces, al recordar un hecho, me parece ver a esa niña de ojos muy abiertos que fui, muy reflexiva, paradita en un costado, observando...

La casa de la abuela Modesta

La casa de la abuela era en la calle Lindoro Forteza entre Larravide y Joanicó. Tenía una manito de bronce para golpear la puerta cuando uno llegaba. Era una casa antigua, que al entrar tenía un zaguán de baldosas cuadradas en blanco y negro. El zaguán me parece grande y hacia la derecha da un cuarto que es el de la abuela, con un balconcito a la calle. Hacia la izquierda del zaguán hay una habitación que tiene un juego de comedor y unos sillones. Aquí recibe la tía Mimo a Mateo, por entonces, su novio. No sé si tendría alguna otra función. De este comedor, hay una puerta que conecta con un cuarto, desde el cual se puede salir a un patio abierto (sin techo), o bien, pasar a un cuarto contiguo. Y así hay una sucesión de cuartos, tal vez 4 o 5. Ninguno de estos cuartos tiene baño; éste se encuentra al fondo de todo, y es un horrendo retrete bajo, en el cual hay que agacharse para hacer las necesidades. Tampoco se usa acá el papel higiénico, sino que hay algunas hojas de diario, o de rev...