Humor y coquetería

Un día la Mama, que por ese entonces tenía más de 70 años, anunció que nunca más se treparía a un árbol. Estupefacta, le pregunté por qué, sin siquiera atinar a definir lo ilógico del aviso. Dijo que había leído un artículo en el diario que decía “septuagenario se cae de un árbol y se quiebra una pierna”. Y añadió que la pierna se la podría quebrar y sería tolerable, pero no quería de ninguna manera ser tildada en los medios de septuagenaria.

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