La abuela Modesta

Muy pocas pertenencias tenía la abuela Modesta, pocas y humildes. Después de su muerte, tal vez el domingo siguiente o al otro día, se reunieron las hijas, a resolver el destino de cada una de esas cosas. Una de esas hijas era mi madre, y por lo tanto yo estaba ahí. Siempre estaba donde estaba mi madre. Sólo me separaba de ella para ir a la escuela. A mí me tocó un cepillito de pelo de color celeste con gris, y un pequeño cuadrito con su foto, que pedí expresamente porque me pareció que ese gesto compensaría la poca pena que sentía por la desaparición de la abuela. Ya en casa, le pedí a mamá que lo colocara en algún lugar del cuarto que compartíamos mi hermano y yo. Mamá dijo que si, como no, cuando pudiera pondría un clavito para colgar el cuadro. Y así quedó suspendido el cuadro entre mi/su aparente olvido, mi desinterés y las escasas ganas que mi madre tuvo siempre por rendirle culto a la muerte. Había nacido en 1893 y falleció en 1960.

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