La casa de la abuela Modesta

La casa de la abuela era en la calle Lindoro Forteza entre Larravide y Joanicó. Tenía una manito de bronce para golpear la puerta cuando uno llegaba. Era una casa antigua, que al entrar tenía un zaguán de baldosas cuadradas en blanco y negro. El zaguán me parece grande y hacia la derecha da un cuarto que es el de la abuela, con un balconcito a la calle. Hacia la izquierda del zaguán hay una habitación que tiene un juego de comedor y unos sillones. Aquí recibe la tía Mimo a Mateo, por entonces, su novio. No sé si tendría alguna otra función. De este comedor, hay una puerta que conecta con un cuarto, desde el cual se puede salir a un patio abierto (sin techo), o bien, pasar a un cuarto contiguo. Y así hay una sucesión de cuartos, tal vez 4 o 5. Ninguno de estos cuartos tiene baño; éste se encuentra al fondo de todo, y es un horrendo retrete bajo, en el cual hay que agacharse para hacer las necesidades. Tampoco se usa acá el papel higiénico, sino que hay algunas hojas de diario, o de revista. La cocina también está separada de las habitaciones por el patio, de modo que los días de lluvia hay que quedarse en ella. Sin duda se harán las tortas fritas. Las puertas de la cocina siempre están abiertas. El fogón es pequeño y tiene una pileta y canilla. Adosado a la pared, y encima del fogón hay un estante donde se colocan los vasos con la boca hacia abajo. Jamás vi platos sucios, todo estaba guardado si no se estaba usando. Había una mesa y asientos; algunas veces jugamos allí a la lotería. Un día, los niños pasamos como un torbellino y tiramos una bandeja donde Mimo transportaba un café con leche, ocasionando un lío justo cuando ella estaba esperando a Mateo. Parece que no la agarramos de buen humor ese día, y dijo algunas cosas tales, que las madres de los culpables tomaron a sus crías y se refugiaron en lo de Lía que vivía a media cuadra por la calle Joanicó; allí continuaría la tertulia dominguera.

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