Tardes de lluvia
Cuando yo era niña, mi mamá nos llevaba a la casa de mis abuelos, donde se reunían las hermanas, cada una con sus hijos. Algunos tíos también participaban, pero otros iban a lugares que les gustaban, por ejemplo el Tío Lava iba al Hipódromo, el tío Macho iba a la canchita porque era maestro o algo así de un club de fútbol infantil. Mi papá no iba. Se quedaría leyendo en la cama.
Pues bien, de modo que allí se reunían además de algunas tías solteras, la Tia Coca, con su hijo Luis Ernesto porque Josecito aún no había nacido, la Tía Lía con José Pedro y Cristina, La tía Niria con Hugo y Nora, mi mamá con mi hermano Miguel y yo. Los días en que no llovía, jugábamos en el fondo de la casa. Había un árbol con una soga y una rueda de auto, algunas piedritas, y espacio. Alguno se hamacaba, los demás jugábamos a tirarnos piedras, o inventábamos algo. Pero a veces llovía y eso era un problema, porque las madres no nos aguantaban a todos juntos. Entonces ellas se ponían creativas y trataban de entretenernos para que no hiciéramos mucho lío: Y estos son mis recuerdos de esos días.
Tarde de lluvia número 1
La cocina de la casa de Lindoro Forteza, estaba separada de las habitaciones; había que pasar un patio y se entraba en la cocina, un espacio no muy grande pero con una mesa en el centro, 2 o 3 sillas y muchos banquitos. Una vez, la tia Coca hizo allí unas tortas fritas, pretendiendo entretenernos. Yo tengo un grato recuerdo, pero no se bien que pasó, porque nunca se repitió.
Tarde de lluvia número 2.
Se armó una enorme mesa en la casa de la tia Coca, que vivía enfrente a la casa de la abuela: Todos nos pusimos a jugar a la lotería. El tío Lava cantaba los números y era lindo oirlo porque siempre decía un chiste, o una información sobre el número que salía. No siempre se escuchaba lo que Lava decía, alguien pedía repetición, otros gritaban el número atendiendo al pedido, pero alguien se equivocaba y decía otro número , y el abuelo rezongaba. Esto funcionó bastante porque tengo el recuerdo de que se hizo algunas veces.
Tarde de lluvia número 3
Los niños al cine; la encargada de llevarnos fue la Tía Mimo, todavía soltera, pero maestra, de modo que se sentía capaz de manejar la situación. Vimos varias películas; se llamaba matiné, pasaban primero una de dibujos animados, luego una de cowboys y por último una comedia romántica. De modo que estábamos calculo como 5 horas en el cine. Entre película y película había un intervalo y la gente comía refuerzos de mortadela o salame que habían llevado de sus casas, impregnando la atmósfera del cine con ese olor; o compraba caramelos a un señor con uniforme y mesita colgante. Recuerdo que esa tarde la tía Mimo nos compró bizcochos. Alguno de los primos pequeños quiso ir al baño, y la tía se llevó a todos los niños menos a mí, que me quedaba para cuidar los asientos que eran como 10. Pero vinieron unas mujeres y cuando les dije que estaban ocupados me dijeron que no podía ser tantos asientos para una sola niña, y se acomodaron igual. Cuando vino Mimo con la tropilla, tuvimos que buscar otros lugares. Me sentí muy frustrada.
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